Alex Otaola e Iraida Noriega: del Infinito a la escena musical en la CDMX

12 April 2018

El próximo 20 de abril de 2018 el Teatro de la Ciudad Esperanza Iris recibirá a un puñado de los músicos más importantes de la escena musical. Esto se debe a la celebración por el primer volumen del libro Músicos en la Ciudad de México, mismo que fue editado por Zazil Collins y Todd Clouser. Los boletos tienen un costo que va desde los $50 hasta los $200 y se pueden adquirir en el sistema Ticketmaster.

Rumbo a esta presentación llena de colaboraciones y sorpresas, nos reunimos con Alex Otaola e Iraida Noriega para charlar sobre sus planes, su carrera, sus inicios, sus anécdotas y más.

Músicos en la CDMX con Alex Otaola e Iraida Noriega

El guitarrista cuenta que todos los participantes en el libro Músicos en la CDMX fueron contactados de la misma forma: Todd me buscó y me dijo que quería armar un libro a partir de testimonios de distintos músicos. Me dijo que escribiera mi experiencia como músico en el contexto de la CDMX. Entonces el texto se dirigió a mi vínculo con la música. Desde cómo empezó mi gusto hasta volverme profesional”. Por supuesto, el camino no fue fácil. Al principió se rehusaba a hacerlo, pero después se apasionó tanto que “sentí que me había clavado en plan autobiográfico, entonces le tuve que quitar cosas”.

De Rockotitlán a los festivales masivos patrocinados por grandes marcas |

En medio de algunas tazas de café, Iraida Noriega nos habla sobre su perspectiva de los espacios musicales en la ciudad: “es mejor lo que ha pasado desde los 90 que lo que pasó en los 70 y 80. Hay más foros, incluso de distintas personalidades. También están de moda los conciertos privados en casas debido a la necesidad de crear espacios para la música”.

Continuando con el tema de las espacios en la CDMX, Alex Otaola nos cuenta: “los lugares han ido desapareciendo y vuelto a aparecer. Por ejemplo, hay lugares con tradición pero tuvieron cierta vida activa, por ejemplo Rockotitlán. Lugares que tuvieron su auge y eventualmente cerraron”. De ahí, el eje central de la charla pasa a los festivales: “antes se sentía que los armaban las bandas o giraban al rededor de una cuestión política. Ahora es algo institucionalizado que a las grandes cadenas les funciona más armar festivales que armar shows. Al público también lo están educando a que prefiera ir a ver 4 o 5 bandas en vez de ir a verlas por separado”.

Sin parar de hablar sobre los cambios que ha tenido la música en los últimos años, Otaola apunta: “siento que la inmediatez de la música hace que sea distinto el vinculo con la música; descargas todos los discos de una banda con un clic y al día siguiente los borras con un clic. Esto hace que las cosas cambien y actualmente siento que no se valora la música porque siempre está ahí”.

El Infinito… reducido a 20 minutos de explosiones y sorpresas |

Como les contamos, el concierto de Músicos en la Ciudad de México estará formado por colaboraciones entre diferentes artistas. Iraida Noriega y Alex Otaola harán lo propio con el proyecto que tienen desde hace tiempo: “nosotros con el proyecto del Infinito, la tirada es muy desde la improvisación. Es decir, nos trepamos ahí y nos arrancamos. Ahora, estamos en una nueva modalidad, por lo que no sabemos muy bien qué pasará”. Completando, el guitarrista afirma: “el chiste será que en vez de que las ideas en el Infinito se expandan, se contraerán al máximo (pues serán 20 minutos de presentación)”.

CDMX y su enorme oferta de foros musicales |

Y ya entrados en materia de conciertos, Iraida Noriega acota algunos puntos a mejorar: “en la escena local lo que hace es empuje, es decir, promoción, que la gente se entere. Porque creativamente hay cosas increíbles sobretodo porque lo hacen con bien poquitos recursos. Bueno, también hay lugares que dicen que son de música, pero no tienen el equipo ni la infraestructura”.

Al otro lado de la moneda, la cantante nos da recomendaciones de algunos foros interesantes: El Péndulo se ha vuelto muy alternativo. También hay otro muy interesante que es el Café Aurora que le caben menos de 50 personas pero se vuelven muy íntimos. También está El 61 que me gusta mucho porque es un foro muy alternativo. No sólo tiene que ser jazz, cabe de todo. Desde lo más experimental hasta lo más rocker. Me gustan esos foros que se desclasifican. También Casa Patricio que tiene exposición fotográfica y de vez en vez organiza conciertos”.

Hacer de los accidentes un recurso |

Por supuesto, al hablar de conciertos, las anécdotas llegan y Alex Otaola nos cuenta su favorita en medio de Infinito: “hubo un toquín en el foro del Politécnico. A diferencia de nuestros shows normales no iba a haber oscuridad, más bien iba a haber mucha luz. Yo estaba anclado a mi silla, pero en la última canción me levanté y me acerqué pero al dar un paso desconecté mi guitarra de la caja directa por lo que desaparecí de las bocinas del auditorio. Entonces Iraida vio que me desconecté y que sólo sonaba de forma acústica, así que se puso el micrófono en la espalda para también desconectarse de las bocinas logrando enloquecer y desatar gritos del público. Ellos pensaron que había sido planeado pero más bien, un accidente técnico se volvió un recurso musical”.

Esta sincronización viene desde el día uno al igual que la constante exploración, justo como nos cuentan: “ya nos conocíamos y teníamos buena vibra. Un día en un festival acordamos juntarnos para ver qué salía. Nos reunimos y dos horas después todo empezó. Esto no siempre pasa, son como milagritos. Siempre hay asombro, descubrimiento y ha funcionado de distintas maneras. Hubo una vez que hubo piano y luego en El Imperial pura electrónica”.

El futuro está a la vuelta de la esquina |

Para despedirnos, Alex Otaola nos cuenta sobre sus planes de lanzamiento para este 2018: “es material que he avanzado de poquito a poquito. Está llegando a un punto en el que ya lo puedo sacar. Son cosas más personales, entre ellas unas grabaciones que hice solo en una presentación de un libro de Jordi Soler en el 2001″.

Por su parte, Iraida Noriega nos habla sobre “Luminosa”: “es una música que compusimos un amigo pianista y yo y cuya columna vertebral es poesía Latinoamericana y está escrita para orquesta de cámara y sexteto de jazz. Algunas cosas son muy canción y otras con formato de orquesta. Saldrá en un libro con pinturas de una amiga chiapaneca”.