La ciencia lo dice: todos amamos el olor a pan caliente y nos hace felices

16 July 2017

No será la primera vez, ni tampoco la última, que pases por delante de una pastelería o una panadería y te quedes atontada/o al oler las delicias horneadas que se están fraguando entre harinas y masas.

Y es que este olor, tan característico, nos hace incluso ser mejores personas, al menos según un estudio. Y sí, la ciencia responde a la pregunta ¿Por qué amamos el pan caliente?

Da igual que hablemos de esponjosas conchas, de jugosas donas o de crujientes bolillos. El inconfundible olor de las masas horneándose nos hacen salivar con sólo pasar por delante de estos templos del pecado.

Pero, ¿por qué nos pasa eso? Pues la ciencia tiene la respuesta. Básicamente lo que a nuestro cuerpo le pasa es que una parte de nuestras regiones cerebrales, concretamente la corteza orbifrontal interna derecha (el nombre se las trae), es la responsable de asociar nuestras percepciones agradables y placenteras.

De este modo además se almacena dentro de la memoria a largo plazo como un olor agradable. El olor a pan recién hecho estimula nuestro apetito debido al dulzor tostado que desprenden las harinas con el calor y la fermentación.

Pero no sólo eso. También el olor a pan caliente nos vuelve mejores personas. O al menos eso descubrió un estudio llevado a cabo en Francia donde los viandantes que estaban cerca de una de estas suculentas boulangeries se mostraban más dispuestos a ayudar a los que pasaran cerca.

Todo un misterio al que aún le faltan piezas por resolver pero que a nosotros nos sigue encantando.