Estas son las pelis que nadie nunca peló pero merecen que las veas hasta con palomitas

08 November 2017

Jacob’s Ladder (1990)

Jacob, un traumatizado veterano de Vietnam, comienza a tener extrañas visiones que cada vez se suceden con más frecuencia, hasta que termina por descubrir que su vida tras la guerra no es como él pensaba… O la que él pensaba.

¿Por qué todos deberían verla? Porque su ambientación es única, porque es Tim Robbins en estado puro y porque tiene esa sutileza de las grandes películas que hoy en día se ha perdido. De hecho Sexto Sentido y Silent Hill le deben muchas cosas a esta cinta.

Funny Games U.S. (2007)

La historia cuenta como dos jóvenes torturan con juegos macabros a familias al azar (en este caso, a una familia formada por Tim Roth, Naomi Watts y su hijo) sin ningún tipo de finalidad ni motivo concreto.

¿Por qué todos deberían verla? Podríamos dejarlo sencillamente en qué este remake de la cinta austríaca del mismo nombre es increíble, pero vale la pena hablar de ella.

Se trata de una historia con altas dosis de violencia psicológica y física. La actitud de los protagonistas es de lo más humano que he visto en el cine. No hay nada de esas situaciones en las que pensamos que los protagonistas son estúpidos por no escapar o alguna tontería de esas. Simplemente no es de esas películas, pues está medido hasta el más pequeño detalle.

F for Fake (1973)

La mejor forma de definir esta “película” es la siguiente: se trata de un falso documental sobre falsos falsificadores. Orson Welles nos cuenta la historia de Elmyr, un falsificador de obras de arte,a modo de documental en donde no serás un mero espectador.

¿Por qué todos deberían verla? F for Fake no es una película normal, es única en su género. Con una edición brutal, Welles nos hace pensar sobre el auténtico valor del arte por medio de interesantes entrevistas y anécdotas. Una película para tomar la postura del pensador de Rodin y sentarte un rato a filosofar; seguro que sacan buenas si extraen la genial tesis expuesta por Welles.

Y sí, es la mejor muestra de que Welles no era de este mundo.

Go (2002)

Este filme es una historia básica convertida en algo más, pues cuenta la vida de Sugihara, un chico coreano criado en Japón que se enamora de una chica japonesa.

¿Por qué todos deberían verla? Porque no es una historia de amor ni ningún drama ñoño, como puede apuntar la breve sinopsis. La película se centra en el racismo que hay en Japón hacia los
coreanos y los problemas de estos para adaptarse a la sociedad. Curiosamente es muy divertida y merece una oportunidad en occidente.

Porque sí, el cine japonés tiene más allá que ofrecer del terror.

Hard Candy (2005)

En esta cinta Ellen Page interpreta a una adolescente muy madura que se liga a un fotógrafo de 32 años en un chat de Internet, ya que sospecha que es un pedófilo culpable de la muerte de una chica desaparecida hace poco tiempo. Una vez en su casa, lo reduce y lo tortura para sacarle todo lo que sabe sobre el asunto.

¿Por qué todos deberían verla? Porque tiene un encanto original que muchas veces se pierde en las superproducciones. Una fotografía minimalista y bien cuidada y un guión muy elaborado, sin flecos ni sinsentidos, la convierten en una de esas películas que dejan un buen sabor de boca después de verla.