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A veces, lo cotidiano es lo único que puede llegar a encender la mecha. Y no, nos referimos a aquella chispa capaz de revivir el amor; sino a otra mucho más intensa, capaz de tirar los años más felices de tu vida. La rutina, el tiempo mal invertido y la forzada costumbre de aparentar que todo va bien son las cosas que, poco a poco, acabarán con una relación que parecía perfecta. Bueno, con cualquier tipo de relación, en realidad. A fin de cuentas, se trata de la calma que precede a la tormenta, a la separación y al divorcio.

A este respecto, el problema más grave es la permisividad. Dejar que las cosas se tambaleen a nuestro alrededor mientras aparentamos que el mar está en calma. Huir de las discusiones, las críticas o las peleas: ese es el error. Y, ¿por qué? Porque el ser humano tiende a evitar todo lo que le molesta; pero a veces, quién sabe, eso puede ser lo único que le salve la vida.

Según recoge la revista Time, por ejemplo, “la molestia es signo de una buena relación”. Al fin y al cabo, las parejas que están todo el día burlándose de sí mismas, haciendo bromas sobre el otro e incordiándose todo lo que pueden, demuestran que la vida trata de pasárselo bien y de estar a gusto con tu respectivo. Da igual que te tomen el pelo, porque sabes que quien lo hace, lo hace con cariño. Da igual, incluso, que hasta alguna vez te pases de rosca con tus bromas, porque tendran la oportunidad de crecer juntos y de hablar sobre las cosas que les molestan y sobre aquellas otras que les hacen ilusión. Tal y como dice la terapeuta Kira Asatryan, autora del libro Stop Being Lonely (Deja de estar solo), “algunas veces la molestia es algo negativo, pero otras veces es un potente catalizador para asumir un cambio positivo”. Desde luego, la clave es mantener la chispa del principio y seguir riendo nerviosamente y ruborizándote cuando tu pareja te haga una broma. Así, no tendrás que preocuparte de que el amor dure tres años; porque, probablemente, se tratará de una relación que aguante toda la vida.