Si fuiste popular en la escuela, también puedes serlo en el trabajo

12 January 2018

¿Creías que, una vez terminada la carrera, a nadie le iba a importar de nuevo tu nivel de popularidad? Te equivocaste. O eso es, al menos, lo que pretende decirnos Mitch Prinstein en su nuevo libro, Popular: The power of likability in a status-obsessed world (Popular: el poder de la simpatía en un mundo obsesionado por el estatus). Y es que, por muy alejadas que puedan parecer las obligaciones laborales de las obligaciones adolescentes, algunas de las primeras siguen rigiéndose hoy en día por las mismas cotas de aceptación que motivan a los jóvenes durante sus años de formación.

“En realidad, nunca llegamos a abandonar la secundaria del todo”, dice Prinstein en su obra; y nos explica que “el poder duradero de la popularidad se puede remontar al hecho de que esas mismas dinámicas (que tenemos desde la infancia) siguen siendo una parte importante de nuestra vida cotidiana”. Al fin y al cabo, los factores que miden el prestigio siguen siendo los mismos: tener gente que te apoye y que tus propuestas sean aceptadas por ser simplemente tuyas. A este respecto, Google realizó un estudio que demostraba que la felicidad en el trabajo estaba condicionada por dos aspectos: recibir críticas constructivas de tus jefes y sentir el agrado de tus compañeros. O, en otras palabras: ser popular entre ellos.

La habilidad para entablar relaciones es algo sumamente importante para triunfar. Sin embargo, Prinstein dice que existen dos maneras de afrontarlo: una que nos beneficia y otra que podría perjudicarnos. En este sentido, Daniel Clemens, todo un Senior Manager de Google, lo tiene claro: muchas veces, la toma de decisiones en sus negocios se ha visto obstaculizada por su popularidad. Y es que más de una vez, tras haber sido aplaudido en una reunión, se había dado cuenta de que sus compañeros no lo apoyaban del todo, pues al concluir se reunían en pequeños grupos alrededor de la máquina de café y mostraban sus verdaderas opiniones. Su justificación era que “a la gente no le gusta perder su estatus o que los demás estén en su contra (…) la gente va con la manada, sigue al resto”. Y solo son ellos mismos cuando se encuentran en su círculo de confianza, rodeados de personas que opinan igual que ellos.

Volviendo a Prinstein, este nos dice que “la popularidad es parte de la vida que experimentamos todos los días, en cada tipo de situaciones”, y para que todo siga el camino correcto, lo mejor será que disfrutemos de aquella que nos facilita nuestros objetivos y no de la otra, la cual nos ancla en la adolescencia y no nos deja avanzar. Por estadística, las personas que fueron populares en la escuela lo seguirán siendo en su trabajo, pero no deja de ser algo en lo que se pueda trabajar. Las cosas pequeñas de cada día, las que hacen feliz a la gente, son las que conseguirán que tengas el respaldo de todos, así que lucha por ellas; que la popularidad y el éxito ya vendrán solos.